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Ocurrencias
Limeñas
Nuevamente el Maestro Dario Mejia nos
refiere aquí que a la ciudad de Lima se le ha llamado también como:
"Ciudad de los Reyes", "Ciudad Jardín", "Reina y Perla del Pacífico", "La
tres veces coronada villa", "Ciudad de campanas y de campanillas" y otros
títulos nobiliarios que se ganó por su belleza, poesía y cultura que en
ella había. Pero, contrastando con ello, a Lima también la han llamado "La
ciudad de los gallinazos" y "Lima la horrible".
A inicios del siglo XVII, en el año de 1613, la ciudad de Lima tenía
solamente 25,000 habitantes. Diecisiete años después, su población fue más
del doble ya que, según el Padre Cobo, en 1630, Lima tenía 60,000
habitantes de los cuales 5,000 eran indios y 30,000 eran negros, el resto
eran españoles. Lo que significa que, por ese tiempo, la población de raza
negra era mayoría en Lima. Por ello, "Quien no tiene de inga tiene de
mandinga".
Más de doscientos años después, en 1857, Lima tenía solamente 94,195
habitantes, según el censo levantado por Manuel Atanasio Fuentes. Lo que
significa que en 227 años la población de Lima creció 50 por ciento nomás.
A muchos les gusta tener mascotas en sus casas siendo las más populares
los perros y gatos. ¿A quién se le ocurriría tener un ave de rapiña como
mascota?. Ello sucedió en la famosa Quinta Heeren de los Barrios Altos, en
Lima, donde a inicios de la década de los 40's los habitantes de dicha
quinta tenían un cóndor como mascota. "La Pochola" era el nombre con el
cual se le conocía a este personaje que llegó a ser muy popular en esa
tradicional quinta limeña que forma parte del Patrimonio Cultural de la
Humanidad.
"La Pochola" solía jugar con los vecinos de la quinta y hasta con los
perros que allí habitaban, pero le gustaba salirse de la quinta, de vez en
cuando, y cuando la gente que circulaba por el Jr. Junín la veía, se
quedaba aterrorizada y hasta el tráfico se detenía, sobre todo, cuando a
"La Pochola" se le ocurría abrir sus grandes alas. En una de esas
escapadas, un tranvía atropelló a "La Pochola" matándola y dejando muy
sentidos a todos los vecinos de la famosa quinta ya que no iban a poder
gozar más de la presencia y el cariño de su mascota.
En el Jirón Trujillo, distrito del Rímac, se encuentra la iglesia más
pequeña del mundo, "Nuestra Señora del Rosario", que también se le conoce
como "Capillita del Puente", por hallarse cerca del Puente de Piedra. Las
dimensiones de la iglesia son de 8 metros de ancho por 12 metros de
profundidad.
La hermosa estatua del Libertador Simón Bolívar que se encuentra en la
"Plaza Bolívar", frente al Congreso de la República, fue tan admirada
desde su inauguración que en la ciudad de Caracas, Venezuela, hay una
plaza que tiene una estatua idéntica a la que hay en la Plaza Bolívar de
Lima. El gobierno venezolano, maravillado por la belleza de dicha estatua,
pidió permiso a las autoridades peruanas de entonces para utilizar los
moldes con que se construyó dicha estatua en Europa.
El Amancay, una flor atractiva que es emblema de la ciudad de Lima, puede
ser admirada sólo tres semanas al año brotando alrededor del 24 de junio
para luego desfallecer a mediados de julio. La Pampa de Amancaes, en el
Rímac, debe su nombre a la flor y fue escenario de una de las fiestas
costumbristas que formaba parte de las tradiciones de la ciudad de Lima,
"La Fiesta de Amancaes". Hoy en día el amancay
ha desaparecido por completo del Rímac y la Pampa de Amancaes queda sólo
en el recuerdo y en la letra de algunas canciones criollas que la
mencionan. Pero se puede encontrar el amancay en las lomas de
Pachacámac, en un área protegida que ha tomado el nombre de "Santuario del
Amancay".
"La Huerta Perdida", uno de los lugares más tugurizados de Lima y que,
lamentablemente, fue convertido en cuna y refugio de delincuentes, no debe
su nombre al hecho de que la gente se pierda allí sino que durante la
colonia el virrey La Serna con su esposa mandaron preparar una huerta
hermosa en esa zona para lo cual hasta ordenaron que les trajeran de
España cinco mil plantas. La huerta era tan bella que no sólo causaba
admiración sino también la envidia de algunos que decidieron robar las
plantas, de a poco, por las noches.
Llegó un día en que ya no quedaban plantas en dicha huerta así que el
virrey y su esposa, tristes por el hecho aquel, decidieron llamarla "La
Huerta Perdida".
La famosa Calle Capón, que desde hace muchos años es el Barrio Chino, no
debe su nombre a algún chino o palabra china, ni tampoco nació con los
chinos que llegaron a Lima, como equivocadamente es mencionado por muchos.
Los primeros chinos que llegaron al Perú lo hicieron en 1849 y recién en
1855 empezaron a ubicarse por el centro de Lima, especialmente en el
"Callejón Otayza" que quedaba en la esquina del actual Jr. Ayacucho con el
Jr. Ucayali, donde empezaba la Calle Capón. En dicho callejón, los chinos
vivían completamente hacinados durmiendo hasta en los suelos de las
habitaciones. Según el Dr. César Borja, quien por el año de 1880 hizo un
estudio de las condiciones en que vivían los chinos, en el "Callejón de
Otayza" él encontró 650 chinos viviendo en 80 habitaciones pequeñísimas.
En la finca del costado del callejón aquel, vivían 420 chinos repartidos
en 63 celdas diminutas.
El origen del nombre de la Calle Capón se remonta al siglo XVII,
doscientos años antes que llegaran al Perú los primeros inmigrantes
chinos, cuando en esa calle vivía un sacerdote de nombre Manuel Loayza
quien tenía como apodo "Capón", así que desde el siglo XVII esa calle se
conoció con el apodo del mencionado sacerdote. La Calle Capón, en el
actual Jr. Ucayali, era también una cuadra grande que abarcaba desde el
actual Jr. Ayacucho hasta el Jr. Paruro; lo que significa que comprendía a
las actuales sexta y séptima cuadras del Jr.
Ucayali, como figura en el
plano de Lima de 1858.
Sin embargo, hoy en día
llaman solamente Calle Capón, por desconocimiento, a la parte comprendida
entre el Jr. Andahuaylas y el Jr. Paruro, que vendría a ser la séptima
cuadra del Jr.
Ucayali.
Cuando los chinos que
se establecieron en Lima llamaban a comer, decían "chi fan", que significa
a comer arroz. El ingenio y la "chispa" del limeño relacionó aquello con
los lugares donde se expendía la comida china procediendo a llamarlos "Chifa".
En la actualidad "Chifa" es el restaurante chino.
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