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Daniel Alomía Robles
(Huánuco
1871, Lima 1942)

Siendo niño
integró el coro de la catedral de su ciudad natal.
Al cumplir 13 años, su madre, doña Micaela Robles,
dama huanuqueña de ancestros andinos, lo envía a
Lima para alentar su talento artístico en el campo
de pintura y las artes manuales. En 1887, en plena
adolescencia, conoció al maestro Manuel de la Cruz
Panizo, negro liberto, compositor de música
religiosa en varias iglesias y monasterios de
Lima, quien lo instruyó en el solfeo y en el canto
coral. Poco tiempo después, Panizo puso en
contactoal joven Alomía con el maestro Claudio
Rebagliati, compositor italiano radicado en el
Perú, para los estudios de piano, armonía y
composición.
Viajero
infatigable desde los 15 años, recorrió el Perú
internándose por los más abruptos lugares de su
serranía, recogiendo los cantares y música que se
transmitían de generación en generación, captando
melodías tradicionales y leyendas de las épocas
incaica y colonial, coleccionando instrumentos
musicales y cerámicas de las antiguas culturas
peruanas.
Su amistad
con el Padre franciscano español Gabriel Sala en
el Monasterio de los Padres Descalzos de San Luis
de Shuaro fue determinante para sus orientaciones
musicológicas, en la misma medida en que lo fue su
amistad con Felipe Pedrell en la Argentina.
En febrero de
1897 contrajo matrimonio con la dama pianista
cubana Sebastiana Godoy, hija de banqueros y
hermana del poeta simbolista Armando Godoy
radicado en París. De esta unión nacieron diez
hijos. En 1910 el padre Alberto Villalba Muñoz lo
presenta en la Universidad de San Marcos como
descubridor, al lado de Castro y Alviña, de la
gama pentafónica de los Incas.
A los dos
años de la muerte de su esposa acaecida en Nueva
York, en 1922, casó Alomía Robles con doña Carmela
Godoy, hermana de la difunta, en la que tuvo dos
descendientes. Sus numerosos viajes lo llevaron a
trasponer las fronteras de su patria en varias
oportunidades, visitando Bolivia, Argentina,
Ecuador, Panamá y Estados Unidos, en donde radicó
en la ciudad de New York durante 14 años, desde
1919 hasta 1933.
Diversas
instituciones y personalidades del mundo artístico
norteamericano manifestaron profundo interés por
su obra: Mr. Peter H. Goldsmith, director de la
división interamericana de la "American
Association for International Conciliation"; el
maestro Edwin Franko Goldman, director del a
famosa banda del mismo nombre; las fundaciones
Carnegie y Guggenheim; las Universidades Columbia
y Yale; la Unión Panamericana en Washington y el
presidente Harding de los EE. UU. Este último
propuso su ópera Illa Cori para ser
estrenada en las grandes ceremonias de apertura
del Canal de Panamá, en 1914. Lamentablemente, el
conflicto bélico frustró el proyecto.
Las casas:
RCA Víctor y Brunswich grabaron en 24 discos sus
principales obras, de las cuales, la plegaria de
la zarzuela El Cóndor Pasa es la que
alcanzó mayor difusión y fama.
El 16 de
junio de 1933 arribó al Callao, Perú, regresando a
la patria tras prolongada residencia en Nueva
York. Afincado en Lima, recibe homenajes, un
nombramiento para un cargo público y numerosos
estrenos con la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo
la batuta de su entonces titular, maestro Theo
Buchwald.
Atacado de
septicemia fallece en Chosica - Lima, a los 71
años de edad dejando inconclusas varias
composiciones y el proyecto de un departamento de
investigación con el compositor puneño Theodoro
Valcárcel, artista también de estirpe y vocación
andinas.
Daniel Alomía
Robles fue un infatigable compositor de honda
raigambre andina. Sus conceptos musicales difieren
radicalmente del academicismo imperante en la
época. Fue, sin lugar a dudas, el primer
compositor peruano y, tal vez, latinoamericano,
que basó su trabajo de constructor musical en la
investigación y estudio constante de los
materiales sonoros nativos, específicamente
andinos, es decir aquellos que definen como
afirmara González Prada, "...el verdadero Perú...
la nación formada por la muchedumbre de indios
diseminados en la Cordillera".
Su trabajo
creativo encontró en los géneros populares, en la
canción y en las breves piezas pianísticas
efectivos canales de expresión mezclados en
sencillas y espontáneas estructuras formales.
Obviamente, en trabajos más elaborados, obras de
cámara, sinfónicas y dramáticas, no pretendió
alcanzar las complejidades del convencional
desarrollo o variación académicas, propias de las
concepciones europeas, pero sí dejó hermosos
testimonios de una auténtica búsqueda de expresión
musical peruana.
Si,
aparentemente, los méritos del recopilador
opacaron su genuino talento creador, es necesario
establecer que su labor de musicólogo únicamente
constituye sólido complemento y fuente de
inspiración para la del compositor. Alomía Robles
no sólo ha legado una estupenda colección de
melodías nativas sino ha logrado, como compositor,
y ello es trascendente, una propuesta sencilla,
pura y espontánea en el manejo de los materiales
sonoros andinos, propuesta visionariamente ligada
al quehacer del compositor peruano del mundo
contemporáneo. (Fuente: Conservatorio. Revista
Musical Peruana N° 3. 1991-1992. pp.21-23)
Daniel Alomía
Robles escribe 88 canciones, muchas de ellas sin
hacer uso de melodías populares, la mayoría de un
exaltado romanticismo como son Volverán las
oscuras golondrinas, Sobre la playa o
Fue una ola de mar. En Nueva York realiza
su obra más seriamente elaborada: el sexteto El
Indio para flauta, oboe, clarinete, corno,
fagot y piano. Tiene cuatro partes donde se
alternan movimientos lentos y expresivos con
danzas entusiastas y originales como la 'Cashua'
del final, que posee una instrumentación muy
colorida y original".
El
cóndor pasa
La obra más
célebre de Daniel Alomía Robles es la zarzuela
El cóndor pasa, escrita en 1913, con texto de
Julio Baudouin y Paz. Este argumento resultó ser
revolucionario por su carácter político contra el
imperialismo yanqui.
El libretista
de El cóndor pasa seguramente había
leído a Gonzales Prada, que afirmó: 'No forman el
verdadero Perú las agrupaciones de criollos y
extranjeros que habitan la faja de tierra situada
entre el Pacífico y los Andes: la nación está
formada por las muchedumbres de indios diseminados
en la banda oriental de la Cordillera'...'No
veamos, pues, en la cuestión indígena una crisis
provincial y pasajera sino un problema nacional y
permanente'...'La palabra que se dirija hoy a
nuestro pueblo debe despertar a todos, poner en
pie a todos, agitar a todos como una campana de
incendio en avanzadas horas de la noche'...
El argumento
de Baudouin y Paz transcurre en una region minera
de la sierra peruana. Allí se enfrentan los
explotadores y los explotados. Mister King es
odiado por los trabajadores y muere aplastado por
una inmensa piedra que le arroja Higinio. Pero
inmediatamente surge Mr. Cup y la lucha empieza
nuevamente, siendo el cóndor que vuela en el cielo
símbolo de la libertad.
Este
planteamiento desarrollado en la zarzuela era de
una novedad absoluta en el teatro, si bien había
sido ya tratado en las novelas románticas de
Aréstegui, Mercedes Cabello de Carbonera y
Clorinda Matto de Turner, pero en 1913 y bajo la
presidencia de Guillermo Enrique Billinhurst, fue
de un impacto fulminante.
En el teatro
Mazzi se dio tres mil veces a lo largo de cinco
años. De los ocho fragmentos musicales, el que más
éxito tuvo es la cashua, que se sigue
tocando hasta el presente en muchos países del
mundo, siendo un éxito cantado en idiomas muy
diversos.
Para entender
hasta qué punto utilizaba Robles el folklore
peruano, debemos decir que el principio de la
melodía de esta cashua es un canto de amor de
Jauja, cuyo texto en quechua dice: Huk
urpichatam uywakarkani y fue publicada en el
célebre libro La música de los incas, de
los esposos D'Harcourt en el ejemplo musical N.
47, p.303, editado en París en 1925, doce años
después del estreno de la zarzuela en Lima.
Los tres
primeros compases de la canción jaujina son
idénticos, pero luego la melodía cambia totalmente.
Por ello, no se puede decir que no haya auténtica
creación, como variación de un tema popular, por
parte de Alomía Robles.
Fuente:
PINILLA, Enrique. La Música en la Republica.
Siglo XX. En "La Música en el Perú".
Patronato Popular y Porvenir Pro-Música Clásica,
Lima 1985. pp.139-140
Obras:
Colección de Melodías Populares,
recientementre publicada por su hijo; la ópera
Illa Cori (o La Conquista de
Quito por Huayna Capac); la zarzuela
El Cóndor Pasa; la zarzuela
Alcedo, de la que sólo queda la "Sereneta";
la opereta La Perricholi, de la cual
se han encontrado fragmentos; 88 canciones para
voz y piano; una Misa de Gloria
(1909); y los poemas sinfónicos "El Indio",
"El Amanecer andino", y "El surgimiento
de los Andes"; y algunas piezas para piano.
otros datos:
Nació en Huánuco en 1871,
y murió en Lima, en 1942. A los trece años fue a
Lima y estudió con el maestro y compositor
Manuel de la Cruz Panizo, cantor de iglesia
limeño, que lo inició en el solfeo.
Siendo niño integró el coro de la catedral de su
ciudad natal.
Al cumplir 13 años, su madre, doña Micaela
Robles, dama huanuqueña de ancestros andinos, lo
envía a Lima para alentar su talento artístico
en el campo de pintura y las artes manuales.
En 1887, en plena adolescencia, conoció al
maestro Manuel de la Cruz Panizo, negro liberto,
compositor de música religiosa en varias
iglesias y monasterios de Lima, quien lo
instruyó en el solfeo y en el canto coral.
Poco tiempo después, Panizo contactó al joven
Alomía con el maestro Claudio Rebagliati,
compositor italiano radicado en el Perú, para
los estudios de piano, armonía y composición.
Viajero infatigable desde los 15 años, recorrió
el Perú internándose por los más abruptos
lugares de su serranía, recogiendo los cantarees
y música que se transmitían de generación en
generación, captando melodías tradicionales y
leyendas de las épocas incaica y colonial,
coleccionando instrumentos musicales y ceramios
de las antiguas culturas peruanas.
Su amistad con el Padre franciscano español
Gabriel Sala en el Monasterio de los Padres
Descalzos de San Luis de Shuaro fue determinante
para sus orientaciones musicológicas, en la
misma medida en que lo fue su amistad con
Felipe Pedrell
en la Argentina.
En febrero de 1897 contrajo matrimonio con la
dama pianista cubana Sebastiana Godoy, hija de
banqueros y hermana del poeta simbolista
Armando Godoy
radicado en París. De esta unión nacieron diez
hijos. A los dos años de su muerte acaecida en
New York, en 1922, casó Alomía Robles con doña
Carmela Godoy, hermana de la difunta, en la que
tuvo dos descendientes.
Sus numerosos viajes lo llevaron a trasponer las
fronteras de su patria en varias oportunidades,
visitando Bolivia, Argentina, Ecuador, Panamá y
Estados Unidos, en donde radicó en la ciudad de
New York por 14 años, desde 1919 hasta 1933.
Diversas instituciones y personalidades del
mundo artístico norteamericano manifestaron
profundo interés por su obra: Mr. Peter H.
Goldsmith, director de la división
interamericana de la "American Association for
International Conciliation"; el maestro Edwin
Franko Goldman, director del a famosa banda del
mismo nombre; las fundaciones Carnegie y
Guggenheim; las Universidades Columbia y Yale;
la Unión Panamericana en Washington y el
presidente Harding de los EE. UU. Este último
propuso su ópera 'Illa
Cori' para ser
estrenada en las grandes ceremonias de apertura
del Canal de Panamá, en 1914. Lamentablemente,
el conflicto bélico frustró el proyecto.
Las casas: RCA Víctor y Brunswich grabaron en 24
discos sus principales obras, de las cuales, la
plegaria de la zarzuela
"El Cóndor Pasa"
es la que alcanzó
mayor difusión y fama.
El 16 de junio de 1933 arribó al Callao,
regresando a la patria tras prolongada
residencia en New York. Afincado en Lima, recibe
homenajes, un nombramiento para un cargo público
y numerosos estrenos con la
Orquesta
Sinfónica Nacional,
bajo la batuta de su entonces titular, maestro
Theo Buchwald.
Atacado de septicemia fallece en Chosica - Lima,
a los 71 años de edad dejando inconclusas varias
composiciones y el proyecto de un departamento
de investigación con el compositor puneño
Theodoro
Valcárcel, artista
también de estirpe y vocación andinas.
Daniel Alomía Robles
fue un infatigable compositor de honda raigambre
andina. Sus conceptos musicales difieren
radicalmente del academismo imperante en la
época. Fue, sin lugar a dudas, el primer
compositor peruano y, tal vez, latinoamericano,
que basó su trabajo de constructor musical en la
investigación y estudio constante de los
materiales sonoros nativos, específicamente
andinos, es decir aquellos que definen como
afirmara González Prada,
"...el verdadero Perú... la nación formada por
la muchedumbre de indios diseminados en la
Cordillera".
Su trabajo creativo encontró en los géneros
populares, en la canción y en las breves piezas
pianísticas efectivos canales de expresión
mezclados en sencillas y espontáneas estructuras
formales.
Obviamente, en trabajos más elaborados, obras de
cámara, sinfónicas y dramáticas, no pretendió
alcanzar las complejidades del convencional
desarrollo o variación académicas, propias de
las concepciones europeas, pero sí dejó hermosos
testimonios de una auténtica búsqueda de
expresión musical peruana.
Si, aparentemente, los méritos del recopilador
opacaron su genuino talento creador, es
necesario establecer que su labor de musicólogo
únicamente constituye sólido complemento y
fuente de inspiración para la del compositor.
Alomía Robles no sólo ha legado una estupenda
colección de melodías nativas sino ha logrado,
como compositor, y ello es trascendente, una
propuesta sencilla, pura y espontánea en el
manejo de los materiales sonoros andinos,
propuesta visionariamente ligada al quehacer del
compositor peruano del mundo contemporáneo |