MANUEL ACOSTA OJEDA
Nació el 16 de marzo de 1931 en la maternidad de Lima. Hijo de don Alejandro Acosta (arequipeño) y doña María Ojeda (Moqueguana). Estudió en el Centro Escolar "Ricardo Palma". Después en colegio "Salesianos" y sus estudios en el colegio "José María Eguren" de Barranco. De niño gustaba escribir versos, su padre para minar una débil inclinación religiosa, decidió llevarlo todos los domingos a una picantería arequipeña de la calle San Miguel en Surquillo.
En ese ambiente el joven comenzó a gustar del criollismo musical. Reparó en que la armonía de las guitarras y de las voces también tenían poesía, magnífica y sonora. En 1946 inició amistad que fue de capital influencia. Fue presentado a Carlos Hayre, joven músico y buen compositor, quien le abrió la amplia y hermosa puerta del criollismo. Como Manuel seguía produciendo versos, Hayre le insinuó le pusiera letra a una melodía de su inspiración. Pero la insistencia tiene sus frutos, y nació su composición inicial a los 16 años. Se tituló: "Tu Vida Siempre", "Odios y Sombra", Ya se Muere la Tarde", y otros.
En su trayectoria llegó a conocer a personalidades de la música como Quintana "El Canario Negro", Porfirio Vásquez y sus hijos, Nicomedes Santa Cruz, los hermanos Ascues; Luciano Huambachano y otros más. Según cuenta Luis Dean (compositor fallecido) lo acusó de incapaz de componer un valse con letra y música propia. Así nació el primer valse (con letra y música propia): "En un Atardecer". Los Chamas lo estrenaron en "Radio El Sol" y en 1954 fue un éxito. Y la consagración definitiva fue el valse "Madre", después vinieron "Rumor de Manantiales", "Si tú me Quisieras", "Puedes Irte" y muchos más.
Es un compositor
prolífico de valses memorables, pero vive alejado
de la seducción comercial. Es un estudioso serio
de la música popular, pero sus opiniones crean
controversias y resentimientos. Don Manuel Acosta
Ojeda es la voz de la memoria colectiva, un
testigo del tiempo y una lección de peruanidad.
La resaca
de la vida
El tiempo no borró el sonido de su franqueza ni
los destellos de su buen humor. Don Manuel Acosta
Ojeda vive sin temores y al compás de su
inspiración. Cada día se entrega al optimismo de
los sueños y rescata el movimiento de sus
recuerdos. Es un hombre nostálgico, pero de sentir
visionario.
A sus 72 años, piensa alejarse de las actividades
sociales. Vio de cerca los temores humanos en
Viena, París, Moscú, Berlín, Madrid y Lima. Bebió
sin prejuicios en muchos bares acompañado por
amigos notables. Cantó con voz cruda y tocó la
guitarra sin despedir los amaneceres. Escribió su
sentimiento popular en más de un millar de
canciones. Pero no perdió la claridad de su
memoria prodigiosa. Todo lo recuerda, porque todo
lo vivió con intensidad y sinceridad exacta.
Despertares
En su infancia, cuando estudiaba en el colegio
Salesiano, se deleitaba con los latidos musicales
de Vivaldi, Bach y Mozart. También repasaba la
imaginación de Horacio, Virgilio y Rubén Darío. Y
empezaba a construir sus propias historias y a
admirar a su padre bohemio.
En el colegio José María Eguren eligió el camino
artístico junto a Carlos Hayre, un guitarrista de
valses que musicalizó algunas letras. Por aquellos
años, luego de abandonar el cuarto año de
secundaria, el compositor recorrió los bares y
centros musicales de Surquillo, y después conoció
los rincones de Barrios Altos.
Con él bebían amigos entrañables, como el escritor
Julio Ramón Ribeyro y los poetas Francisco Bendezú
y Juan Gonzalo Rose. Y el tiempo fue construyendo
su fama de bohemio curtido que recibía las mañanas
acompañado por la música de una guitarra y un
cajón.
Regalos de
amaneceres
Sus letras son testigos de sombras que buscan la
luz para no morir. De orfandad y arrepentimiento,
de algarabía y felicidad, de reflexiones y
silencios. Sus letras son testimonios de años que
formaron una vida libre, austera y digna.
En una de sus madrugadas de mayo, después de
cantar en El Botellón, visitó con sus amigos el
bar El Silletazo. Era víspera de Día de la Madre,
en 1951. "Mareado
escribí sobre la envoltura de una cajetilla de
cigarrillos algunos versos para mi madre, que me
había dado todo. Sentí pena y remordimiento. A las
diez de la mañana, cuando terminé mi autoconfesión,
fui a mi casa."
En 1956, el tema Madre fue grabado por el grupo
Los Cholos. Pero fueron Los Chamas quienes
lanzaron a la popularidad el valse de la
sinceridad. "Un compositor no busca el aplauso
ni la venta, sino que trata de expresar lo que
siente. Por eso el tema tuvo acogida y hasta ahora
se canta",
afirma.
A don Manuel Acosta Ojeda también le pertenecen
los clásicos Si tú me quisieras, Puedes irte y
Cariño.
Elogio al
arte
"Mi mayor
halago es el reconocimiento popular, sobre todo el
de mis amigos",
comenta refiriéndose al reciente homenaje que el
martes 25 le brindó la Municipalidad Metropolitana
de Lima. Igualmente, fueron reconocidos Leopoldo
Bedoya Bambarén, con 60 años de trayectoria
artística, y Ana Condori Sulca, "Siwar Q’ente",
que durante 48 años difunde la música y el canto
de Cusco.
"No trabajo para recibir premios porque en
nuestro país a los compositores nos daña la
discriminación. En este caso, acepté el importante
reconocimiento porque las personas que me
acompañaron en la triada son más importantes que
yo y los considero mis profesores", afirma.
Agrega que cada vez que viaja por diversos pueblos
peruanos, encuentra a algunas personas que se
acuerdan de él. "Un artista es un comunicador
que llega a su pueblo o de lo contrario no lo es.
En cambio, el artista contemporáneo está
equivocado porque se siente superior a su clase.
Lamentablemente, los de mi generación hemos sido
satanizados."
¿Considera que la sociedad no comprende sus ideas
y aportes?, le pregunto. "No me interesa la
sociedad, hermano, sólo mi gente, los trabajadores
y los desocupados. Además, no podemos ser duros
contra la ignorancia porque siempre fue auspiciada
por el sistema",
me responde. Por eso mantiene una tenaz defensa
por el arte y la vida. No en vano lideró durante
cuatro décadas los principios de la Sociedad de
Autores y Compositores (Saycope).
Inspiración cotidiana
No conserva las energías de antaño. Cuenta que
hace doce años dejó de tomar ron y que ahora
intenta mejorar su salud para volver a componer,
con la frecuencia de antes, sus versos optimistas.
"Siento
dolor por la impotencia de no poder cambiar el
país y de no contribuir a la felicidad colectiva."
Mientras tanto, don Manuel Acosta Ojeda investiga
sobre la riqueza de la música andina. "Cuando
viajé a otros países, me sorprendió ver la acogida
que tiene la música peruana. Por eso estoy
convencido de realizar composiciones con yaravíes,
mulizas y huainos."
Al reflexionar sobre el camino recorrido, el
notable compositor de música peruana confirma que
aún busca las respuestas de su juventud. Persiste
en dejar huellas que alimenten la creatividad.
Trabaja para demostrar que el Perú es dueño de una
cultura milenaria. Y reconoce que, al final, huirá
descontento de la vida.
Enviado por Walter
Huambachano.
Siempre
Letra : Manuel Acosta Ojeda
Música : Carlos Hayre.
Quiero que estés ami lado
cuando la hora de partir
haya llegado.
He de gozar mi agonía,
si he marchado
despedido por tu mano
bienhechora. (Bis)
Como un mustio rosal
que se desflora,
han de care mis fuerzas
agotadas.
y velarán mi cáliz deshojado
las sombras de tu imagen
protectora. (Bis)
Así, mi vida verás cómo se ausenta,
mientras una sonrisa macilenta,
ha de tallarse en mi faz marmolizada.
Así, mi amor,
la que trocó mi suerte,
ha de ser mi camarada
hasta la muerte,
amada en vida,
y tras la vida, amada.
Don Manuel Acosta Ojeda tiene en su haber más de un millar de canciones que denotan un interminable talento, sin embargo su trabajo también ha estado orientado a la investigación de la música popular.
Una de sus obras más escuchadas es ‘Madre’, una emotiva composición dedicada a la autora de sus días, cuya partida de nacimiento recuerda con claridad, tal como lo comentó hace algunos años en una entrevista. En una de sus madrugadas de mayo, después de cantar en El Botellón, visitó con sus amigos el bar El Silletazo. Era víspera de Día de la Madre, en 1951. "Mareado escribí sobre la envoltura de una cajetilla de cigarrillos algunos versos para mi madre, que me había dado todo. Sentí pena y remordimiento. A las diez de la mañana, cuando terminé mi autoconfesión, fui a mi casa."
De la pluma de don Manuel Acosta Ojeda han brotado los clásicos: 'Si tú me quisieras', 'Puedes irte' y 'Cariño'.
Don Manuel tiene 75 años , nació el 16 de marzo de 1931 en la maternidad de Lima. Hijo de don Alejandro Acosta (arequipeño) y doña María Ojeda (Moqueguana). Estudió en el Centro Escolar "Ricardo Palma". Después en colegio "Salesianos" y sus estudios en el colegio "José María Eguren" de Barranco. De niño gustaba escribir versos, su padre para minar una débil inclinación religiosa, decidió llevarlo todos los domingos a una picantería arequipeña de la calle San Miguel en Surquillo.
En ese ambiente el joven comenzó a gustar del criollismo musical. Reparó en que la armonía de las guitarras y de las voces también tenían poesía, magnífica y sonora. En 1946 inició amistad que fue de capital influencia. Fue presentado a Carlos Hayre, joven músico y buen compositor, quien le abrió la amplia y hermosa puerta del criollismo. Como Manuel seguía produciendo versos, Hayre le insinuó le pusiera letra a una melodía de su inspiración. Pero la insistencia tiene sus frutos, y nació su composición inicial a los 16 años. Se tituló: "Tu Vida Siempre", "Odios y Sombra", Ya se Muere la Tarde", y otros.
En su trayectoria llegó a conocer a personalidades de la música como Quintana "El Canario Negro", Porfirio Vásquez y sus hijos, Nicomedes Santa Cruz, los hermanos Ascues; Luciano Huambachano y otros más. Según cuenta Luis Dean (compositor fallecido) lo acusó de incapaz de componer un valse con letra y música propia. Así nació el primer valse (con letra y música propia): "En un Atardecer". Los Chamas lo estrenaron en "Radio El Sol" y en 1954 fue un éxito. Y la consagración definitiva fue el valse "Madre", después vinieron "Rumor de Manantiales", "Si tú me Quisieras", "Puedes Irte" y muchos más.